lunes, 14 de mayo de 2012

Mario Trejo i. m. (1926-2012)


Murió Trejo. Y estamos tristes por eso.  Muy tristes.
Se fue un poeta tremendo, un tipo genial. Que escribió teatro 
junto a Alberto Vanasco en los ´40, que integró Poesía Buenos Aires 
en los ´50, que hizo radio y televisión de la buena en los ´60, 
década en la que también colaboró para las revistas Primera Plana
Confirmado; década en la que ganó el Premio de Poesía Casa de las Américas, 
recorrió todos los continentes y guionó cortometrages para su amigo Bernardo Bertolucci; 
hizo canciones junto a Waldo de los Ríos y Astor Piazzolla 
(la más recordada Los Pájaros Perdidos con cientos de versiones en todo el mundo). 
Míticos ´60 en los que dirigió en el Instituto Di Tella. Se lo va a extrañar.


Amo los pájaros perdidos
que vuelven desde el más alla,
a confundirse con un cielo
que nunca más podre recuperar.

Vuelven de nuevo los recuerdos,
las horas jóvenes que di
y desde el mar llega un fantasma
hecho de cosas que amé y perdí.

Todo fue un sueño, un sueño que perdimos,
como perdimos los pájaros y el mar,
un sueño breve y antiguo como el tiempo
que los espejos no pueden reflejar.
Después busqué perderte en tantas otras
y aquella otra y todas eras vos;
por fin logré reconocer cuando un adiós es un adiós,
la soledad me devoró y fuimos dos.

Vuelven los pájaros nocturnos
que vuelan ciegos sobre el mar,
la noche entera es un espejo
que me devuelve tu soledad.

Soy sólo un pájaro perdido
que vuelve desde el más allá
a confundirse con un cielo
que nunca más podré recuperar.



                                           Mario Trejo

sábado, 12 de mayo de 2012

En San Ferguacho...


"...desde mi balcón/ el cielo pone fuego/ a las lentas cumbias."
gómel


mi abuelo lo único que hacía era afeitarse y temblar
frente al televisor.

mi padre todas las mañanas se perdía en el campo,
transformado en un punto tridimensional de la nieve.

regresaba con una sonrisa mística en su rostro y nadie
sabía por qué.

en verano también esa misma sonrisa y frutillas
en sus manos, en primavera frambuesas.

la sonrisa de mi padre traía frutos maravillosos.

mi abuelo temblaba cada día más, su cabeza recaía
como mandolina y se erguía como un piano.

un día mi padre regresó con manzanas

mi abuelo dio con la clave del silencio

Natalia Litvinova (Gómel, Bielorrusia, 1986) vive, desde sus diez años, en Buenos Aires. Traductora de poetas rusos (Marina Tsvetáieva, Anna Ajmátova, Serguéi Esenin). Ha publicado el poemario Esteparia (Ediciones del Dock; Buenos Aires, 2010).

viernes, 11 de mayo de 2012

El que nada tiene



La 38º Feria del libro de Buenos Aires parecía un supermercado. El viernes pasado llevé un grupo a un grupo de alumnos. La idea era recorrer algunas puestos editoriales y tomar un café. Pero cuando trescientos colegios del conurbano se ponen de acuerdo para lo mismo, la mano puede llegar a ponerse difícil. Colas para tomar un refresco, colas para ir al baño....más que una feria, un supermercado de los libros. 

Sin embargo, al día siguiente volví a la feria para la presentación de El tiempo humano, tercer poemario del coreano Mu-Sanbaek. Mientras esperaba que empiece la presentación, me quedé mirando a una pareja del partido de San Martín.. Tendrían alrededor de sesenta años. Durante el tiempo que duró la charla, él mantendría el brazo apoyado sobre el hombro de ella. En un momento él se fue al baño y ella se quedó hablando con otro hombre. Le comentó que su marido tenía un montón de poemas escritos pero que aun no había publicado. Al otro nombre le sonaba la cara del poeta.Los dos escuchan atentamente las palabras de Mu-Sanbaek, pero ella no parece conocer demasiado el paño, sino que está allí para acompañar a su poeta. Hay algo conmovedor en la atención sostenida de ella. Gourdieff decía que no hay vueltas: que la atención es amor. 

Mu-Sanbaek es un poeta revolucionario, un poeta social. De hecho, "Mu-Sanbaek" no es otra cosa que un seudónimo, que en coreano singnifica proletario, literalmente "aquél que nada tiene". Un poeta obrero que en su infancia supo conocer la miseria. El libro se llama El tiempo humano porque habla de la recuperación del tiempo humano, que dice que está perdido, fue arrasado por el tiempo de las máquinas. Mu-Sanbaek es también un poeta humano. 

Fue confrontativo en sus primeros libros, se podría decir miembro de una resistencia dualista. Hasta que conoció el budismo zen y se dió cuenta que el trabajo del poeta no debe ser confrontativo. "El hombre debe mirar dentro de su conciencia y preguntarse a sí mismo acerca de su existencia. Así recuperará ese humano tiempo perdido", dice. Poeta es "aquél rebelde que vive en los márgenes y le escapa a lo consabido". El que vive en los márgenes, no se apoya en los renglones. 

sábado, 5 de mayo de 2012

Who´s gonna love you tonight?

Sam Chatmon.

Lecciones de equilibrio


Mi infancia fue esa trepadora. Me acuerdo cuando mi padre la trajo y la armó, cavó los pozos que luego rellenó con cemento y ahí clavó los caños. En las tardes de verano mis hermanos y yo trepábamos como monos, subíamos hasta la pasadera y los más habilidosos nos parábamos y caminábamos de una punta a la otra o bailábamos ahí arriba en las alturas, sabiendo que podíamos rompernos la cabeza si nos caíamos. La música que salía del equipo de música que los viejos habían traído de Ciudad del Este. Tres monos bailando el twist y riendo a carcajadas, todo el día en cueros, peleándonos, haciéndonos cosquillas e inventando personajes. Tomábamos litros de nesquik, nuestra golosina preferida era el topolino. Atrás, el alambrado vegetal que daba a la casa del vecino, los árboles que se encendían en verano. Todos los verdes gastados de mi infancia.

jueves, 3 de mayo de 2012

La Primera Fotografía de Hitler


¿Y quién es este niñito con su ropita diminuta?
¡Es Adolfito, el niñito de los Hitler!
¿Cuándo crezca llegará a ser un médico?
¿O un tenor en la Casa de Opera de Viena?
¿De quién es esta pequeñísima manita, de quién la orejita y ojos 
y nariz?
¿De quién la barriguita rebosante de leche, no lo sabemos,
la de un impresor, doctor, comerciante, sacerdote?
¿Hacia dónde llegarán finalmente esos deditos del pie?
¿Al jardín, a la escuela, a una oficina, a una novia,
quizá a la hija del alcalde del pueblo?

Precioso angelito, resplandor de mamita, bomboncito,
mientras nacía hará cosa de un año,
no había signos de muerte en la tierra y en el cielo:
sol primaveral, geranios en las ventanas,
la música del organillero en el patio,
una afortunada fortuna envuelta en papel rosa,
y justo antes del parto el siempre fiel sueño de su madre:
una paloma vista en sueños significa noticias gozosas,
si se aprehende, arribará un ansiado visitante.
Toc, toc? quién hay, es la dulce llamada de Adolfo.

Un chupete, pañal, sonajero, babero,
nuestro niño saltarín, gracias a Dios y toco madera, está bien,
se parece a sus padres, como un gatito en una canasta,
como los nenes de cualquier álbum de familia.
Shhh..., no empecemos a llorar, amorcito,
la cámara disparará desde abajo de la capucha negra.

El Klinger Atelier, Grabenstrasse, Braunau,
y Braunau es un pequeño pero digno pueblo,
honestos negocios, vecinos amables,
olor a masa de levadura, a jabón gris.
Nadie escucha perros aullantes o las pisadas del destino.
Un maestro de historia afloja el cuello de su camisa
y bosteza sobre las tareas.



                                                                  Wislawa Szymborska

miércoles, 2 de mayo de 2012

"MásCarne, Paul" o "Roger hace agua"


Primero fueron Los Beatles. Los 14 años. Los casettes TDK de 90 minutos con los 16 discos grabados. Uno a uno los iba pidiendo a un amigo (eran de su mamá). Los iba a buscar en bicicleta. Me prestaba uno por semana. Así los iba grabando en casettes vírges o, cuando me quedaba sin plata, los grababa encima de los viejos casettes de los Bee Gees de mi viejo. Alguien me había enseñado que tapándole los agujeritos podían volver a su estado de virginidad. Ahá. En realidad el primer antecedente había sido el disco compacto. Los primeros discos compactos. Mis viejos habían viajado a Cataratas, habían cruzado a Ciudad del Este y habían traído un JVC, uno de los primeros reproductores de CD. Uno apretaba un botón y la tapa de la bandeja se habría hacia arriba. Magia. Y unas cajas finitas con unos discos demoníacos, con reflejos multicolores al dorso. Yo no tenía diez años y pensaba que si uno los partía, cien mil haces de luz y pedazos de cristal se desperdigarían por doquier. Y que esos pedazos de cristal podían incrustarse en la piel. Mi imaginación también comenzaba a ser demoníaca. Dos discos que me marcaron. Los primeros dos , que fueron los que mis viejos trajeron junto con el JVC. Uno de Joe Cocker y Revolver de Los Beatles. Había muchas cosas que por ese entonces no entendía mientras lo escuchaba. Pero me rompió la cabeza. El librito con el collage de fotos, el inicio con Taxman, Something, For no one, Here there and Everywhere. No lo sabía entonces, pero aquello se llamaba nostalgia.
Después fue Pink Floyd. A los once años le compré a mi primo A momentary lapse of reason. Cinco pesosEn realidad es un disco de Gilmour firmado como Pink Floyd. Uno de los mejores artes de tapa que vi: una playa llena de camas, del tipo de camas de cárcel o de hospital. Yo era chico y ya me gustaban esas camas de "working class hero". Y después, a los 16, fue The Wall y The dark side of the moon. El título me parecía una marca, como La ciudad y los perros o La insoportable levedad del ser o Cien años de soledad. "El lado oscuro de la luna". Un lugar profético y misterioso. Esos nombres que yo ya conocía y se presentaban como paradas obligadas de mi educación sentimental. Imposible no sentirse cautivado.
De modo que se podría decir que siento igual respeto por ambos. Pink Floyd y Los Beatles, Lennon/McCartney y Waters/Gilmour. Mother Mary and Joseph. Dos de las delanteras más incisivas de la historia de la música contemporánea. Pero no.
Hace tres semanas viajé en buquebarco a Montevideo donde se presentaba por primera vez McCartney en el estadio Centenario. Era también mi primera vez en el Centenario. Y el tipo no decepcionó. Tres horas de música. Siempre parado, salvo los temas en que tocaba el piano, apenas tomándose el tiempo necesario entre tema y tema para calzarse la guitarra o agarrar el ukelele. Un tema tras otro. Una banda del carajo. Temas de RAM, de McCartney, de Flaming Pie y hasta un cover de Foxy Lady. Casi setenta años en sus espaldas. La sensación de estar escuchando a un Beatle. La primera vez que tocaba The night before en South america. Una única fecha programada fuera de la agenda con menos de un mes de anticipación, en una desvío de su gira por Brasil. La decisión de hacer posta en Montevideo: Sir Paul nunca había estado ahí. Me lo creo. La cosa tiene algo de sabor a comercial, es cierto, pero es al menos verosímil. Compro. Rock.
Semanas atrás, en Baires había estado Roger Waters. Nueve estadios de River vendidos con casi un año de anticipación. Casi un mes en Buenos Aires, reuniéndose con Macri, Cristina y Rodríguez Larreta, las madres. Declarando por todos lados, repitiéndose: "Las Malvinas son argentinas". Un show casi idéntico al que había presentado con Pink Floyd en los 80. "Una nueva experiencia sensorial sin precedentes", dijo un matutino. El sonido llevado a una nueva dimensión: pentafónico, octofónico. Ok. Pero playback durante casi todo el show. Luces y más luces. Y la voz de un tipo al que le queda poca voz, sostenida por sus diez coristas. Había escuchado a Waters en su anterior visita, en 2007. Y la cosa me había parecido sensata. Había tocado casi todo el Dark side , bien Pero después no pudo con su oportunismo e infló un chancho gigante con inscripciones del tipo "libertad para los presos políticos de quebracho". Ahí dije qué le pasa a este tipo, tiró abajo un muro de ladrillos de telgopor y se los comió el personaje. Podría juntarse a tomar mate con Bono y sacarse fotos con niños somalíes.

Pensemos bien donde ponemos los duros antes de pagar una entrada. Como dice Allen Gelblung: "memoria".

domingo, 29 de abril de 2012

Rareza

Difunción erécti provocada por exceso de psicofármacos en 1:35.

Rito de pasaje

Cuando llegue al colegio voy a buscarlo en sala de profesores y voy a preguntarle si trajo el cargador. Es el único cargador que coincide con la entrada de mi teléfono y al tipo ya se le hizo costumbre sacarme del apuro. Lo voy a encontrar sentado en la pose de siempre, apenas recostado, la barba rala de dos días sin afeitadas, el primer botón de la camisa desabrochado. Los lentes caídos hacia adelante -apoyados a mitad del tabique- que le hacen echar la cabeza un poco hacia atrás para mirarme cuando habla, con la tranquilidad que lo caracteriza. Como un dinosaurio cansado, la mirada que se posa sobre las cosas y que se queda un poco en las personas que entran y salen de la sala. Las conversaciones, sus chistes malos, esa voz cavernosa eternamente disfónica. Cuando llegue y cruce la puerta de la sala de profesores me va a ver entrar pero va a esperar un rato para saludarme, después me va a dar dos palmadas en el hombro, va a decir qué hacés pibe y vamos a comentar a cuántos apiló Messi o lo bien que la picó. Y lo de siempre: en tono de burla le voy a preguntar contra quién les toca el sábado y el me va decir que Riquelme no sirve ni para espiar. Y cuando toque el timbre y la sala se vacíe, si nos quedamos los dos solos quizás algo vamos a comentar sobre alguna profesora. Lo de siempre entre hombres: river y boca, fútbol y mujeres. La retórica elemental masculina por excelencia, desde el inicio de los tiempos. Cuando llegue al colegio seguro que todos va a querer estar con él, lo van a seguir por los pasillos, y cuando sus patas largas rumbeen para el comedor, todos van a acomodarse los horarios y va a parecer casualidad que tantos profesores coincidan en el almuerzo. Pero no va a ser casualidad porque hoy es su último día en el colegio. Una vez, él era profesor del viejo cuarto año y yo un adolescente con la espalda doblada por una mochila llena de ciencias exactas. Me había presentado a un llamado de marzo que definía mi pasaje al último año. Fui con una mano adelante y otra atrás. Si aprobaba, pasaba de año. Si bochaba, repetía. Él sabía que la matemática no era lo mío, pero aprobé con lo justo (o con menos). Y cuando me entregó el permiso con el cuatro firmado me miró y me dijo andá antes de que me arrepienta, que para la matemática yo era un caso perdido. Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, en una de esas charlas de padres-hijo en las ellos creen que uno no tiene futuro ni rumbo, me enteré que les había dicho que la verdad era que mi examen no estaba para aprobar. Y es el día de hoy que todavía me pregunto porqué lo hizo, porqué tuvo ese gesto. Cuando entre a la sala de profesores y lo vea ahí sentado por última vez, me voy a acordar de las veces que nos volvimos juntos a capital en su megane, de que ni bien agarrábamos la autopista empezaban unas conversaciones mansas en las que él preguntaba. Preguntaba y escuchaba. Como un padre. Como un amigo del que me separan casi cuarenta años. Preguntar y escuchar. Dos verbos que hoy no abundan. Eso hacía camino a su casa, en Urquiza, cuando me dejaba en la parada del 93. Lo voy a cargar, le voy a recordar la vez que, no hace mucho, volvíamos juntos al centro y casi pisa a una vieja que cruzaba la colectora. La despeinó. Se va a reir. Seguramente vamos a hablar de cine, de alguna película y él va recordar el título para descargarla y copiármela en un disco. Y sino lo va a ir a buscar al mozo del boliche donde para, que puede conseguir cualquier película que le pidas. El tipo está lleno de historias extraordinarias. Como cuando me cuenta que hizo el secundario con Juan José Camero. Dice que Camero tenía una pinta bárbara pero que era un crack jugando al fútbol. Y que en un momento tuvo que decidir: la actuación y las mujeres o el fútbol. Y eligió tablas. O cuando me habla del año en que se dejó la barba. ¿Te la dejaste uno o dos meses? Ma´ que un mes, me la dejé como un año, me dice. Y yo lo recuerdo en mi época de secundario, por los pasillos, como un profeta. Me va a decir que cuando me afeito me parezco a Vittorio Gassman en il sorpasso y yo le voy a responder que no me joda, que si yo soy parecido a Gassman él fue doble de Cary Grant. Vamos a hablar de nuestros respectivos perros, de sus hábitos. Mi dachshund y sus cinco yorkshire. Siempre me dice que no puede irse a ningún lado, por los perros. Que si yo me hago malasangre por uno, que me imagine lo que es tener cinco. Pero el hombre los quiere con locura y cuando habla de ellos le brillan los ojos. Hay una bondad oculta en, los hombres que aman a los perros, como dice Leonardo Padura en su novela sobre Trotsky. Y cuando cruce la puerta de la sala de profesores lo voy a mirar ahí sentado y voy a pensar en eso. En que hay una cualidad que no se encuentra a la vuelta de la esquina: eso que tienen los bondadosos, los que viven para hacer el bien. Los que casi nunca hablan mal de nadie. Supongo que es amor. Que simplemente tienen mucho amor para dar. Los que empiezan a enseñar y ya no pueden hacer otra cosa. Hace como un mes que quiero sentarme a escribir algo para Guido, el hombre de la caligrafía perfecta, que se va después de más de veinticinco años enseñando en el colegio. Hace como un mes, pero por una cosa u otra sigo de largo. Y con el correr de la cuenta regresiva voy tecleando porque los tanos somos así, para afuera inflamos el pecho pero por dentro somos de cartón. Voy tecleando porque se acerca el día y me parece mentira que se vaya. Y así, de repente me entero que hoy es su último día y la cosa me agarra por sorpresa. Todo se adelantó por el feriado del lunes y martes y caigo en la cuenta que llegó el día. Y me siento finalmente y pienso que tiene que salir bien, que tiene que parecer un homenaje… pero, qué carajos, te la regalo. Va a salir cómo salga, voy a escribir como pueda, desde el cuore. Alain Touraine, el sociólogo francés, dice que hay que celebrar los acontecimientos. Que son pocos: una boda, un nacimiento, una muerte, una pareja que compra una casa, un rito de pasaje… Hay que celebrarlos porque refuerzan la condición humana, dice. Esto es, vuelven más hombres a los hombres, los cargan de humanidad. Y hoy que él se va yo escribo esto para celebrarlo a él. Se va el miglior fabbro, como decía Eliot de Ezra Pound, su maestro. Y hoy hablan mucho de educación, de teorías nuevas, de pedagogías. Que la juventud está perdida (¿alguna vez no lo estuvo?), que los muchachos no tienen modelos. Bueno, acá tienen: se va uno. El tipo fue bueno. Y decir eso ya es mucho. ¿Hay mejor modelo que eso? Va a acercarse a saludarme a mi oficina y me va a decir que está recorriendo por última vez el colegio para saludar a la gente que quiere. Y yo lo voy a extrañar. Fue mi profesor, fue mi colega, es mi amigo. Pero estas líneas las escribe su mejor alumno.

viernes, 13 de abril de 2012

Qué grosa que es Adela...


...le sale el rock por las orejas!

sábado, 7 de abril de 2012

"Fue amor...

...yeeaahh, oh sí fue amor, yeeaahh..."
Jazzy Mel. Contemporáneo.

jueves, 5 de abril de 2012

Las Palomas


Las palomas

Hay que ponerse rápido las medias
porque el piso de piedra está frío; en la cocina
desayunamos leche, pan con manteca y miel,
después salimos a cazar palomas
con nuestro rifle de aire comprimido,
mi hermano y yo con menos de once años
y con botas de goma, camisa gruesa a cuadros y balines
en el bolsillo –dos o tres,
los próximos a usar, van en la boca.
Vamos dejando huellas en la helada que empieza a deshacerse,
vamos alerta entre las ramas de los plátanos,
los altos eucaliptos, el nogal, las casuarinas,
los álamos del haras, la pileta,
un tiro cada uno, caminando,
señalando de a ratos las copas del otoño.

Después, detrás del lavadero, entre frutales,
las desplumamos y las destripamos:
sosteniendo en la izquierda el peso tibio
vamos sacando plumas con la otra,
las más largas y duras en la cola y el ala,
las fáciles del pecho,
las cortitas y oscuras de la espalda, las más suaves
en el flanco, debajo de las alas en la axila;
van quedando en los yuyos enredadas hacia el lado del viento,
pegadas en las manos, suspendidas del aire
cuando se arremolina de repente;
después vamos vaciando el cuerpo, mucho más chico
ahora en relación a la cabeza: primero el buche,
a veces con semillas de girasol intactas que se pueden comer,
apenas agrias, y metiendo con fuerza los dedos hacia arriba
donde termina el esternón, girándolos
dentro del cuerpo todavía caliente, agarrando y tirando para abajo,
arrancamos los largos intestinos y la panza, sacamos los pulmones
como una esponja rosa pegada a las costillas,
los riñones, el hígado, el quieto corazón,
que los perros atrapan sin que toquen
el suelo; en la canilla lavamos las palomas
y les cortamos la cabeza, las atamos
subidos a un banquito de la pata a un alambre hasta la noche.

Las manos queman por el frío del agua,
brillan los cuerpos en el aire, al sol; la vida
es material, y la materia
es difícil, sagrada.

Alejandro Crotto

martes, 27 de marzo de 2012

SER O NO SER

silvia está en la televisión a la media noche en un programa
en vivo dice que marcelo, el hermano no famoso, es el más querido
recuerda que mantuvo sexo con ocho jugadores
del plantel de san Lorenzo de mil novecientos noventa y cinco,
y el odio que tienen su padres, a ella y a guido, su hermano
famoso, sentado en el mismo sillón
junto al resto de los invitados. silvia no está bien, revolea los ojos
y seca su permanente estado de lagrima viva, intentando no correr
el excesivo maquillaje, desde los parpados a las cejas un fucsia
no deja descansar, demasiado ostentoso y esta época descarta
todo eso, es mersa. rodeada de chicas divinas, nuevas famosas
con breves cinturitas, en silvia crece una nostalgia, no será develada
en el show. a silvia los hijos no le atienden el teléfono hace un año,
sus hijos, no sé si son famosos, los llama todos los días y no
contestan, silvia cuenta que en la última elección voto a menen
con boletas que tenia guardas, incluso recurrió a la última
autografiada por el mismísimo carlos
carlos es muy famoso. silvia soñaba otra vida, una de susanita,
con marido hijos dos autos y mucama, silvia está en bancarrota,
en el programa la venden para fiestas privadas, cumpleaños
o casamientos, uno de los invitados, famoso, que fue
a publicitar su obra en calle corriente le pregunta
te gustaría? silvia solo asiente con la cabeza,
el conductor nombra dos veces, gesticula lentamente
cada numero de su teléfono (15 4191-2013), mirando
a cámara dice no la llamen para la joda (sic), silvia
tiene el pelo corto y parece una señora de cual nadie se masturbaría
ya, o casi. sin avisarle le pasan un fragmento
de un video de silvio, donde lee un poema a una chica de 23 años
no famosa, aun. silvio si es famoso y usa unas gafas
que recuerdan a nicola di bari. silvia ha reído y llorado
dos veces alternadas en un mismo bloque, van al corte,
Silvia del Carmen Suller, ya no es famosa.

Pablo Gungolo

martes, 20 de marzo de 2012

Joe Pass + Ella Fitzgerald


Acá ella estaba grande pero su voz era la misma. ¿Y qué decir del bueno de Joe?
Cantan Stormy Weather.. Gracias.
"Un ángel se insinúa en cuanto aparece alguien
que dice estar enamorado de la muerte"

ALFONSO CALDERÓN
Ángeles de una sola línea

domingo, 11 de marzo de 2012

viernes, 24 de febrero de 2012

Función privada

Hoy me levanté pensando en Función privada.



Cuando lo miraba tendría seis años. No veía la película que seguía, solamente recuerdo mirar la presentación, escuchar el tema de Amarcord, de Nino Rota. Una música agradable y misteriosa. En la escenografía una diva a quién entonces desconocía por completo. Mucho tiempo después sabría de quién se trataba. Y dos tipos que casi siempre salían al aire copa en mano, tomando alguno de los muchos vinos o licores que les mandaban. La televisión tenía una cadencia pausada y embelesadora. El 7 no era la TV pública que conocemos ahora. Y yo, con seis años, miraba ese programa sin saber su nombre ni porqué me gustaba. Morelli y Berruti fueron el verdadero dúo dinámico de mi infancia.

martes, 21 de febrero de 2012

Una máquina de escribir



"¿Su producción? Sesenta cuentos de cincuenta a doscientas líneas y tres novelas de tres mil líneas al mes. Simenon escribió en 1925 trece novelas- una de ellas Dolorosa, no exenta de elegancia-, veinticinco cuentos serios y unos doscientos cincuenta cuentos eróticos."


"Para la operación Jaula de cristal, prevista para el lanzamiento de Paris Martin- el joven Sim debía encerrarse en ella para escribir a la vista del público durante una semana."


Leo Álbum de una vida y recuerdo esos días en que no puedo escribir un poema. Y al lado de este hombre, es inevitable sentirse poco escritor.

Centenario y Tomkinson. Dic. 2011









lunes, 20 de febrero de 2012

Wislawa Szymborska in memoriam


Amor a primera vista

Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.

Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.

Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,

una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,

que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.

Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?

Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.

Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.

domingo, 19 de febrero de 2012

Oro nestas piedras


El vino triste

Agazapada casa m` está sperando
en que vuelva a allá y voy ya voy
digo pero no voy sino me hundo
cada vez más en este bar.
(Tráigame lo de siempre.)

Casa qu` en preguntarme insiste. No
sé respondo sólo hice allá

un adiós como decir tal vez, no sé.

¿Y qué pretendo aquí?
¿Salvarme del pasado cerme el sordo?
Late
la casa y acecha ver qué hago.

Sí, debo tener cuidado, hoy
estaba entre los aburridos aquí
y de repente hice un ademán así
como a tomar el ómnibus de vuelta a, y
lastimosamente derrame el vaso de vino.

Avergonzado
salí a la calle para como siempre
seguir quedándome.
Soy el desaparecido de allá.

Transmutación del oro

Dormitaba en la plaza acurrucado
en un banco hacía frío había ido
a no se qué.

El caso es estaba y de pronto
me alza un cóndor en alas y me lleva
a la Cordillera de los Andes.

Ahí ví contra las rocas florcitas amarillas
y ellas me reconocieron;
entonces les pasé las manos por encima
suavemente,
como cuando se acaricia un gato.
Estremecidas por el viento
me devolvieron el cariño arqueando el lomo,
apretándose en mi mano. Les digo
que hasta llegaron a runrunear.

Esto es más hermoso
que mi quimera del oro en esa cordillera.

Jorge Leónidas Escudero

miércoles, 15 de febrero de 2012

Rectángulos Transparentes



¿Cuántos argumentos hay para defender la causa de las piscinas frente a un puro y duro baño de mar en la playa? A priori parecería que pocos. El río, el estuario o el océano o cualquier otro curso líquido natural arrancan con la ventaja ecológica, con la pureza de colores, olores, sensaciones, para cautivar nuestros sentidos en experiencias que podríamos llamar “más genuinas”. Pero basta situar la situación y el contexto para esa ventaja de plano empiece a mostrar fisuras. La primera: que ese ambiente idílico y supuestamente natural está corrompido de base por la presencia del ser humano y su contaminación. El ser humano es grupo es un poquito nocivo. Habla, grita, prende radios (y otros medios tecnológicos), pavea, tira arena, llora, vuelve a gritar, pega pelotazos, lleva perros que hacen sus necesidades en cualquier lado, en fin. A veces sucede, además, que la playa puede no estar linda. Exceso de algas, agua revuelta, aguas vivas, corrientes frías de la Antártida que congelan el alma, olor a frito de los paradores. Se puede levantar tiempo en cualquier instante y comienza a volar arena cortante. La lista puede ampliarse dependiendo de la playa y sus características.Entonces, de a poco, la piscina –como el caballo que en la carrera entre a la recta final por los palos- comienza a ganar terreno. La piscina es un rectángulo de agua transparente. Artificial, geométrico, racional, controlado, y con un dejo de cloro en el aire. A veces, el hombre se siente cómodo en un contexto que puede manipular a placer. La piscina parece ese paisaje hogareño que se transforma en una playa privada: domina los sonidos, las olas se vuelven una superficie casi plana, craquelada; la arena que se hace piedra alhaja. La piscina es mucho más humana que la playa porque es un invento. Es más civilizada y estilizada. Y también, esterilizada. Pero además, las piscinas pueden ser objetos bellos en sí mismos. El arte contemporáneo ha tomado como referencia a las piscinas como escenario y como tema. Recuerdo a la carrera películas como El graduado, donde un joven broceando y recién egresado Dustin Hoffman tomaba sol ante los directos encares de Mrs. Robinson. O Adiós a Las Vegas, en la que el personaje borracho que representaba Nicholas Cage se sumergía bajo las aguas de una piscina para incrementar la sensación de irrealidad que lo rodeaba. La portada del disco Californication de los Red Hot Chili Peppers también la usó como recurso.Fue David Hockney, el famoso pintor inglés mudado a las colinas de los alrededores de Los Ángeles, quien reflexionó mejor sobre el sentido estético de una piscina. Entre finales de la década del ’60 y mediados de los ’70, Hockney pintó piscinas californianas y elevó ese espacio mojado a la categoría de mito.Uno de sus cuadros más importantes fue The bigger splash, (ver foto arriba), donde el pintor sintetiza un chapuzón dentro de una franja plana de color celeste con unas pinceladas chorreadas de blanco titanio, con una casa de fondo hecha de líneas verticales y horizontales simples.La piscina refleja el cielo pero también refleja su fondo. El agua que queda en el medio, flotando entre dos mundos paralelos, sostiene a los que se animan a desaparecer debajo, como el personaje invisible del cuadro de Hockney.Hay pocas cosas más lindas que sentir la fuerza de una ola en el mar. La piscina traduce esa sensación y la devuelve como una gran pecera humana, quieta y pasiva, donde uno muchas veces cree estar dentro de un cuadro.

Valentín Trujillo

martes, 14 de febrero de 2012

Buen viaje


Nos lo contó Majo, la mujer de Horacio. Yo había viajado a Montevideo, a visitarlo. Había boyado toda la tarde por el centro y por ciudad vieja hasta que hice posta en Los tribunales, una café carísimo que llamó mi atención porque vendía agendas moleskine. Yo tenía que hacer tiempo hasta que Horacio saliera de trabajar, a las 18,30 hs. Entonces me senté a leer en el bar, fui al baño, me mojé el pelo, me cambié el calzado y la remera y me puse desodorante. Algo tienen los baños de los bares cuando se está en otro país con una mochila al hombro. Pareciera que uno pudiera hasta bañarse allí, a hurtadillas del mundo, acicalarse y después volver. En los bares montevideanos imagino una vida de lúmpen, alla Henry Miller, duriendo en plazas y buscando baño y refugio en bares.
A las seis caminé hasta la esquina de Colonia y Julio Herrera de la plaza del entrevero, donde me lo encontré a Horacio, recién salido de trabajar. Horacio tiene un trabajo que no le gusta en una fábrica de mangueras, de la que siempre sale con un terrible olor a caucho impregnado en la ropa. Pasamos por su casa, donde se pegó una ducha, y fuimos hasta un mercadito donde compramos mortadela y cerveza: la tarde estaba demasiado linda para ir a un boliche a tomar la fresca. Subimos hasta la terraza del edificio donde vive, y destapamos una Stout. Anochecía, y en aquella terraza, con la brisa soplando, mi amigo con vaso en mano, la cúpula del palacio Salvo de fondo y todo Montevideo visto desde arriba, no podía pedir más.
Entonces llegó Majo y se sentó con nosotros. Intercambiamos comentarios de ocasión, me dijo que estaba más flaco, pero en serio, eh, dijo notablemente más flaco. Ahá, dije. Silencio. Sopló un viento que trajo más silencio. Murió Spinnetta, dijo. Con Horacio nos miramos. Silencio.
Uno siempre divaga y se pregunta dónde lo va encontrar la muerte de un grande. Y Spinnetta es una de esas personas que yo pensaba que no se iban a morir nunca. Supongo que por lo grande. Así, a secas, en una terraza de Montevideo, Majo nos tiró la noticia. Y a pesar de que corría un aire cálido y húmedo, yo sentí frío y un dolor en todo el cuerpo. Spinnetta se fue como los grandes, que no avisan mucho, que se van sin demasiado preámbulo. Y su muerte me encontró lejos de casa, en Montevideo. Sentí bronca por no estar en Baires con una tv a mano para escuchar las repercusiones. ¡Qué idiotéz! La humana manía de querer adueñarse hasta de las repercusiones de una muerte. Pensá que el tipo arrancó con Almendra a los 18 años, le dije a Horacio. Y nosotros tenemos treinta y pico y estamos a maní y cerveza, me contestó.
Se murió Spinnetta y ya estaba todo dicho. Se fue sin lugar al menor eco posible. Desde Uruguay pensé cómo estarían los medios, cuánto polvo volando por el aire. Y con egoísmo, sentí que el dolor de su muerte me correspondía sólo a mí. Como si nadie tuviese derecho a estar más apenado que yo. Bronca y un celo ridículo: yo lo quise más que nadie. Eso sentí.
A la noche nos juntamos con Manuel y Valentín a mirar Nacional Vasco da gama. Les conté la noticia y ellos también se sorprendieron. Acá se ven canales argentinos, ponemos a ver si pasan algo, dijo alguien. Y ahí estaba TN con una placa que decía "Murió Spinnetta". No lo podíamos creer. Se murió alguien que nos hizo compañía muchos años.
Y me dan ganas de que el blog se quede callado un rato.

Suegros (II)

De Roberto se puede decir que fue mi primer suegro en serio. Yo tenía 18 cuando me arreglé con Maia. Estuvimos un año juntos, tiempo que me sobró para darme cuenta de lo distinta que puede ser una familia si se la compara con la propia. Roberto se había separado de Irene, la madre de sus hijos. Las veces que toqué el tema con Maia, me había dicho que sus padres se habían separado porque su madre había enloquecido. Cómo que había enloquecido, pregunté. Se volvió loca, se fue volviendo loca con el tiempo. Comía flores, nos perseguía por toda la casa porque se había obsesionado con hacernos coquillas. Y cuando nos agarraba nos hacía reír hasta que ya no era divertido, porque nos faltaba el aire y entrabamos en un estado de convulsión. Una vez me acorraló y empezó con su tortura. Mi papá, que justo pasaba la vió y la empujó a un lado. Yo tenía la cara roja y estaba al borde de la asfixia. Después de que mi papá la echara de casa, mi mamá se obsesionó con la cultura física y se mudó a Mercedes, a una casa sin muebles que solamente tenía dos máquinas nautilus a las que no les daba tregua. Eso me contó Maia acerca de mi suegra de entonces.
Mi suegro, en cambio, quedó sólo en una mansión del barrio San Isidro grande, sólo con dos hijas adolescentes y una novia concheta. No quedó tan sólo después de todo, pero a él le encantaba jactarse de ello. Roberto era más bien petiso, pelo corto enrulado y con unos terribles y saltones ojos celestes. En realidad no sé si hay mucho para contar acerca de Roberto. Un tipo calentón -como buen petiso- y de un un humor picante y de doble sentido. Íbamos a comer afuera y al tipo le molestaba muchísimo que le pasara alguien por al lado y le dijera buen provecho. Roberto tenía lista una respuesta que funcionaba a manera de maldición: Que en tu cuerpo sea, respondía.
Con Roberto, también presencié por primera vez como el dinero o mejor dicho, el estilo de vida que lleva una persona, puede hacer que la vida parezca una pantalla, una existencia cómoda y sin cuestionamientos, una sucesión de salidas a comer afuera. Cómo todo el tiempo se miraba hacia adelante para tratar de pensar el próximo programa, la próxima salida. En ese noviazgo no se podía estar sin hacer nada.

lunes, 6 de febrero de 2012

miércoles, 18 de enero de 2012

Fernández de Palleja



Celebro la aparición de Poemas desde un peugeot rojo y una carretera quieta, del amigo Ignacio Fernández. Aquí, un poema del libro.

Durante una temporada, anduve en los montes. Salí de ahí con una barba de profeta. Mi cabeza despoblada me dio más aire austero que místico. No me integré de nuevo a la sociedad sino que más bien la gente empezó a seguirme, a venerarme. Me escuchaban decir cosas que eran verdad y les servían. Traían comida y me ofrecían alojamiento. Las autoridades empezaban a verme con preocupación, no menos que los cuervos y los loros.

Mis palabras eran raíces de ombú, hojas de arrayán o de sauce. Cada dolencia recibía las semillas necesarias.
Mis propios pensamientos cada vez eran más escasos y estaban más aislados. Era la barba la que hablaba, por sí misma, o por cuenta de la planta epífita que la había colonizado y tomaba mis riendas.
Llegó un momento en que el matorral era tan espeso que no podía caminar. La barba tomó la decisión de plantarse.
Plantarme.
Un hombre gordo se sentó a tomar mate abajo de las ramas. Una hoja cayó en medio de la espuma. A partir de ahí, conversamos muchas veces, aunque él nunca supo que en el anillo central había un vestigio de hombre. Tiempo después de su muerte, sigo creciendo, rodeado de gente que trae imágenes del gordo.

martes, 17 de enero de 2012

Poesía, de Lee Chang-dong

Vieja con perra

Una vieja flaca y traposa
como un arbusto seco en este aire polvoriento
espera que su perra de tetas fláccidas
beba el agua turbia de la acequia de los maizales.

Mientras espera, embozada en su manta,
nos observa largamente: pasajeros aburridos
de un ómnibus cuyo desmañanado conductor
mea como un caballo detrás de una tapia.

La perra ahíta se le va
pero regresará pronto con más perritos.
En este caserío tan pequeño
nadie se aleja nunca.

El ómnibus reanuda su marcha
y los pies de la vieja ahora parecen penetrar
el subsuelo. Como la Baucis del mito,
enraizada, ya no dará un paso más, y el sol
que se enciende de súbito
la convierte a lo lejos en una fogata oscura.


José Watanabe

lunes, 16 de enero de 2012

El verano está azul

a. Con el amigo Luis Suárez.



b. Al mando de los últimos emprendimientos inmobiliarios, en Dubai.

jueves, 12 de enero de 2012

Don´t you mind people...

...grinnin´ in your face.

Gwyn


Durante el año no queda tiempo. Demasiados compromisos, demasiados horarios que cumplir. No queda tiempo para al menos comentar los encuentros literarios, las conferencias, las lecturas o los persoinajes que se cruzan por el camino.
A Richard Gwyn lo conocí una noche. Nos encontramos en un bar en Palermo. Él visitaba la Argentina con motivo de una nueva edición del Filba. Y el día que nos encontramos, Brasil y Argentina jugaban un amistoso. En una hora, Gwyn me hablo sobre rugby, una de sus pasiones como galés. Me dijo que tenía que levantarse a horarios insólitos para mirar los partidos del mundial que se desarrollaba en ese momento. Me contó a grandes rasgos cómo era la vida de un vagabundo. Es que él decidió ser vagabundo de motu propio, y así vivió durante una larga temporada. De la experiencia salió un libro que no tiene desperdicio: Vagabond´s breakfast. El desayuno del vagabundo. Y hablamos de Gales, de Irlanda, de sus mujeres, tomamos cerveza y destrozamos a algún poeta. Richard Gwyn, a la distancia: Salúd!

miércoles, 11 de enero de 2012

Suegros (I)

Ayer pensaba en mis suegros. En mi historial de suegros. Y como el personaje de John Cusack en Alta fidelidad, me quedé recapitulando que cosa me dejó cada uno.

Tuve mi primer suegro a los 16 años, con el primer amor adolescente. Era el padre de una familia ultracatólica de ocho hermanos. El tipo se llamaba Miguel, pero se hacía llamar Michael. Alto como largo Adams y con la cabeza llena de pelo blanco. De todas formas era un canoso jóven y si algo no le faltaba a aquél hombre era pelo. Era una familia musical, donde todos tocaban la guitarra e iban a misa todos los domingos, tipo Ingalls. En esa familia había una terrible tensión sexual. A medida que fueron creciendo, las cuatro hijas de Michael se vieron beneficiadas con los pulposos genes de sus antepasados. Ya en la pubertad, a las hermanas les era imposible esconder semejante herencia mamaria. Sin embargo, no escatimaban esfuerzos para cubrirse con pulóveres holgados y camisas que cerraban hasta el cuello. Siempre pensé que aquellos escotes no condecían para nada con el clero que practicaban. Y hasta resultaba gracioso verlas sentadas con las piernas cruzadas como indias, practicando las canciones de misa. Esta es la luz de cristo, yo la haré brillar, brillará, brillará, sin cesar, cantaban como entusiastas feligresas. Dicen que cantar es rezar los veces, pero les juro que a cualquier ser humano con sentido común le era imposible no pensar en eso. Me reía para adentro imaginando a los padres de sus amigas, yendo a saludar a Michael a la salida de la iglesia. Viejo, la verdad que te felicito, qué buenas tetas tienen tus hijas, realmente... es un placer escucharlas cantar. Lo peor eran los entierros, cuando las invitaban a tocar a los cementerios privados y ellas encabezaban la procesión, cantando a viva voz, y mientras la gente lloraba, los muchachos se las devoraban con los ojos. Mi novia era la más chica de las hermanas y la que más se animaba a mostrar. A mí me entretenía presenciar la irritación pequeñoburguesa de su entorno, inclusive de sus hermanas, frente a su incipiente y sana putéz.

De la casa de Michael recuerdo muy bien los rituales. A determinada hora, el matrimonio saludaba y se iba a su cuarto y bajaba sobre el pucho, cerca de la cena. Abajo, mientras tanto, pasaba de todo. Se escuchaba música, se tocaba la guitarra... Podíamos estar prendiendo fuego la casa que ellos jamás se iban a enterar ni iban a bajar. Para mí que cogían como chanchos y puede ser porque eso explicaría la razón de tantos hijos y la alteración del estado de conciencia al que llegaban cogiendo --como dicen en Brasil--, estupidamente. Por aquella época, con mis amigos habíamos descubierto el rockabilly y de verdad que hacíamos sonar aquellos bafles, mientras aquel matrimonio católico, apostólico y romano fornicaba sobre nuestras cabezas.

En aquella casa también se tomaba el te y fue ahí donde pude captar por primera vez la real magnitud de esta ceremonia aristosanisidrense. Y digo aristosanisidrense porque en Recoleta no debe ser muy distinto, pero en San Isidro son frugales tés de jardín, donde todo el mundo se pone de buen humor porque se acerca la merienda. Van a comprar cosas o ponen scons en el horno. Abren botellas de coca cola, hacen tortas. Jamás tomaban té ni café. A mí, que venía de una casa en la que se merendaba o se llamaba a tomar la leche, aquello me dejó completamente desorientado. Y es el día de hoy que no sé porqué me incomoda que me inviten a "tomar el té".

En aquella casa pasaba lo mismo con el sexo que con la comida. Las hermanas todo el tiempo insinuaban pero juraban que llegarían vírgenes al matrimonio. Y era igual con el té: era una vía de liberación que levantaba las barreras alimenticias impuestas por los mandatos y por la sosegada obligación de tener que verse flacas para poder conseguir novio. Por un momento se olvidaban de todo esto, se daban rienda suelta y comían a lo bestia. Nunca vi gente tan desesperada por lo dulce. Y hoy veo claro que la lujuria y la gula son casi el mismo pecado.


Por alguna razón, siempre me generaron curiosidad los padres de mis novias. Mucha más curiosidad que las madre. La posibilidad de que algo de su personalidad o de su carácter baje hasta la sangre de su hija. O la psicológica ligazón que existe entre el family guy y su hija mujer. No lo sé. Pero por alguna razón que también desconozco, siempre me salí de mis relaciones con la necesidad urgente de emitir un juicio de valor, de evaluar a mis suegros.


Una vez, mientras pelábamos nueces en la víspera de una navidad, a Michael se le escapó un pedo. Estábamos todos sentados en la mesa y él estaba parado detrás nuestro cuando en un hueco de silencio de nuestra conversación se hizo oír su desgracia. Nadie bromeó, nadie le dijo nada. Él solamente atinó a decir perdón y todos seguimos pelando.


En todo esto pensaba anoche antes de llegar a la conlusión de que Michael es un boludo.

El ilusionista (2010)

martes, 10 de enero de 2012

Caligrafías

Hoy toca ser hombre despierto a las tres de la mañana, sin una sola línea escrita.
Hombre en blanco que deja encendida la radio de la habitación de al lado para que le lleguen voces. Espía por una de las grietas de la noche, puede ver:

a un niño que educa una mano, pasa la pluma por encima de palabras apenas escritas en lápiz
en un cuaderno de caligrafías.
a un niño analfabeto que repite palabras que le dictan los dioses.
a un niño en guardapolvos que dibuja palabras que le dictan sus maestros.
Pero el niño no sabe escribir.
a un niño que intenta rezar por las noches y piensa en lo que dice.
El niño cree tener el poder de meterse en las palabas. Y la oración es a la vez ruego y homenaje.

Hay algo en el recuerdo del niño que fue el hombre
que ahora regresa del lejano país y se queda pensando en el poema
que siempre queda en la punta de la tinta.

martes, 27 de diciembre de 2011

Drummond

El suelo es cama

El suelo es cama del amor urgente,
del amor que no espera ir a la cama.
Sobre la alfombra o sobre el duro piso
urdimos entre cuerpo y cuerpo la húmeda trama.
Y a descansar del amor, vamos a la cama.


Carlos Drummond de Andrade. En El amor natural.

Tirarse la goma


La gran fiesta sexual.
Debe ser que es enero y el sexo efervesce de la tierra. La navidad se convierte en el mejor preámbulo del festejo del año nuevo del calendario gregoriano, la gran fiesta sexual del mundo. Más aún en sudamérica, donde el verano austral pega fuerte en la piel. Entonces las mujeres comienzan a destaparse los hombros, a mostrar más las piernas; hombres mujeres y perros exhiben sus cueros bien tostados, la gente sale a sudar el tejido adiposo acumulado en el invierno y el tipo de crónica transmite en directo desde esa gran culocracia que son las piletas de parque norte. Lo que debiera ser una fiesta crisitiana y familiar se convierte en la víspera del GRAN festejo, el año nuevo, el vale todo. Con el día 26, los negocios reabren sus puertas y vuelven a llenarse de la misma gente que los saturó el día 24, y que ahora vuelve a cambiar los talles. Tiene que haber algo de liberador en cerrar los años. Al menos siempre flota en el aire la misma sensación: el suspiro de alivio por otro año que termina, el vuelo de las agendas por las ventanas, la expulsión de los residuos del año por la borda. Cierto aire de fatigamiento y hastío en el aire. Debe ser que toda esta bola se sensaciones encuentra su vía de escape, su fuerte reacción en el año nuevo. La regla no falla: a sensaciones extremas, reacciones extremas.

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Permanent vacation es el nombre de un mal disco de Aerosmith. Pero es además lo que vivo por estos días: una larga vacación docente de casi dos meses. La gente en general, los mortales que trabajan de sol a sol en las microcéntricas multinacionales y a los que solamente se les concede una semana de vacaciones, me envidian. Creo que no pueden cuantificar tanto ocio, no toman conciencia de lo que significa un corte de dos meses, no imaginan ese número. A mí me pasa lo mismo con sus sueldos. No hago pié en esos números. Son distintas relaciones de costo-beneficio. El problema está en la regla citada más arriba. Trabajar hasta explotar y después descansar hasta explotar. Y en ese descanso, encima, querer recuperar todo el terreno perdido y hacer todo lo que el año no dejó de tiempo libre. Terminar otro libro, leer el estante entero de los postergados, hacer deporte, dormir, fumar en el balcón mirando los techos de las casas...
Cuando esto termine y tenga que volver al ruedo, va a haber pasado tanto tiempo que no me voy a acordar de cómo se hace lo que hago.

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Tirarse la goma. No me importa lo que diga wiki. Bah, en realidad no dice nada al respecto. A los académicos de la AAL pareciera habérseles escapado la tortuga. Todavía nadie sacó un diccionario o un léxico de frases puercas. Claro han habido aproximaciones, pero sólo eso. Ayer murió el poeta Jorge Perednik. El tipo tenía los ojos hechos de agua. Lo cierto es que el tipo publicó el Diccionario de la injuria, que contiene más de 3 mil insultos y malas palabras utilizadas en Argentina y Latinoamérica. Todavía no lo consulté, pero no creo que aparezca "tirarse la goma", "tirar la goma". Ambas, ambiguas y polisémicas. La segunda pretende aludir a la práctica del sexo oral. En un foro encontré "tirar del pene con la mano o con la boca - masturbar- a otra persona de sexo masculino". ¿Tirar del pene con la boca? ¿No es raro? Digo, hay otros verbos para referirse a eso, mucho más precisos que "tirar". ¿Tirar con la boca? En la terminología sexual de los países anglosajones existen términos que diferencian perfectamente estos dos deportes: Handjob o blowjob. "Trabajo de la mano o manual" y "trabajo de soplar, de soplido" De sopleteo, pienso. Pero tampoco. Ni "tirar" ni "soplar "son verbos exactos. Tanto es así que cuando alguien usa esta expresión -me tiró la goma- detrás viene la duda. No queda claro.
Más claro queda cuando se conjuga distinto: Tirarse la goma es no hacer nada. Dormir hasta tarde, saltearse comidas, sacarse el reloj, ir al cine de trasnoche, organizar viajes de un día para otro.

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No existen dos personas más distintas entre sí. Él es veterinario, vive en Manzanares, domador de caballos, conocedor del tacto rectal a vacas y del reflejo de fleming. Él me explicó que el reflejo de fleming es el reflejo involuntario de los caballos cuando ven a una yegua alzada. Sogero. Gran madrugador. Él y yo. Ayer, en una reunión de amigos, en el jardín de la casa de uno de ellos, debajo de una lámpara que se había quemado y degustando uno de los mejores cigarros de la temporada (un González Márquez). Me dijo que necesitaba despejarse, cambiar de aire, que estaba cansado del campo. Qué paradoja, pensar que hay gente que va al campo para despejarse y el tipo necesita rajarse. A mí la idea se me había ocurrido dos días antes, en un excursión en kayac por el Delta con mi cuñado. Hay carne de relato en una excursión en kayac con tu cuñado. Pero hablaré de eso más adelante. A la luz de los cigarros ardiendo se la tiré: Vamonós pájaro. Vámonos a la mierda. Buenos Aires es una cagada en año nuevo. Agarramos la carpa, dos sillitas y nos vamos a un camping a la loma del culo. Al mar. Pájaro, tirar carne a la parrilla todos los días, bañarse, echarse a lo lagarto, comer afuera, salir de pesca... El tipo me miró y abrió grande los ojos. Cuándo, me preguntó. Pasado mañana (por mañana). Te sigo a donde vayas, tano. Y hacia allá vamos: a una ciudad balnearia. Vamos en lancha colectiva, que nomás hasta llega hasta carmelo se mete por todos los arroyos y recovecos del delta. Dos tipos diferentes como no hay. Una carpa. Dos sillas. Dos libros. Un estuche con cigarros.

domingo, 11 de diciembre de 2011

lunes, 5 de diciembre de 2011

Santana: "La poesía es todo y nada al mismo tiempo"

Y unas anécdotas buenas sobre Borges:

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Hugo Mujica: dos poemas.



HACE APENAS DÍAS

Hace apenas días murió mi padre,
hace apenas tanto.

Cayó sin peso,
como los párpados al llegar
la noche o una hoja
cuando el viento no arranca, acuna.

Hoy no es como otras lluvias
hoy llueve por vez primera
sobre el mármol de su tumba.

Bajo cada lluvia
podría ser yo quien yace, ahora lo sé,
ahora que he muerto en otro.


HAY PERROS QUE MUEREN DE LA MUERTE DE SU AMO

Hay perros
que mueren de la muerte de su amo

cuerpos que no hacen el amor,
hacen el miedo

que no se agitan,
tiemblan.

Y hay hombres
en los que muere dios
como una gota de lacre
sobre el pecho
de un torso de mármol,

son los que lloran cuando creen
estar hablando,
o gritan soñando, pero al alba
olvidan el grito
con que encendieron la noche.

Hay hombres en los que gime dios
por no encontrar un hombre
donde morir de carne,

pero no llora como quien lo hace
solo,
llora como quien llora abrazado a un niño.